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domingo, 25 de abril de 2010

MI HIJA LA ARQUITECTA



Toda la familia espera bajo las nubes de Calder en el Aula Magna. Está por comenzar el acto de graduación. La emoción es enorme! Se trata de Ana Cristina, la tercera de mis cuatro hijos. Según ella, la hija “sándwich” pero también “la favorita”. Al menos así firma los “hola familia” con que nos deleita cada vez que quiere compartir algo. Se empeñó en estudiar arquitectura a pesar de que traté de disuadirla. No fue nada fácil entrar en la UCV. Primero el propedéutico en Las Mercedes con algunas compañeras de clase, luego el especializado que garantiza el ingreso a la carrera, el doble de caro y de lejos. Finalmente el propedéutico de la facultad de arquitectura, compitiendo con estudiantes de otras universidades y hasta diseñadores gráficos. Entró de casualidad: la 120 de 120. La única entre tres amigas. A eso le siguieron cinco años de total y absoluta dedicación, de trabajo apasionado sin descanso, de salir casi todos los viernes a altas horas de la noche, muchas veces descorazonada por la cantidad de correcciones hechas al proyecto y encima aterrada de tener que caminar hasta el estadio a buscar el carro. Todo valió la pena. Cuando llegó su turno para recibir el título, la rectora Cecilia García Arocha ordenó que nos pusiéramos de pie. Ana Cristina se lo merecía. Además de obtener la mención Magna Cum Laude, 20 puntos en su tesis y haber dado la tarde anterior el discurso de graduación, era la 1 entre 88 graduandos!